Fuera así la vida

¡Buenas noches, amigos! Después de esta breve pausa por exámenes, he decidido regalaros un poco más de mi creatividad colgando mi segunda canción original en el canal, ”Fuera así la vida”.

Todos hemos hecho algo de lo que nos hemos arrepentido alguna vez. Una palabra mal colocada que ha podido herir los sentimientos de las personas a las que queríamos. Mi impertinencia siempre me ha llevado a tomar decisiones equivocadas, provocando tantas situaciones para las que aún no he encontrado el momento de pedir perdón. Si la vida diera segundas oportunidades, hoy no seríamos lo que somos. Y, aunque no podamos cambiar el mundo, los errores son los que, como personas, nos hacen fuertes.

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Mi historia

Hoy, me gustaría dedicarle este post a todos aquellos que han hecho posible que el número de suscriptores de mi canal llegue a las tres cifras. Nunca podré mostrar suficiente gratitud por aquellos que se han atrevido a escucharme, a darme una oportunidad a lo largo de estos meses. Gracias, de corazón. Porque con 2 minutos de vuestro tiempo, viendo cualquiera de mis vídeos, ya me hacéis feliz.

A los 7 años, yo, Carlos, Celemé, ya tenía un sueño; una ilusión que nunca pude perseguir, unas aspiraciones que siempre pensé que se me quedaban grandes. Yo tan solo quería poder vivir de entonar notas con la voz, pero al destino no le hizo gracia mi idea. Nunca conocí a nadie perteneciente al mundo de la música, y mis padres no estaban dispuestos a permitir que me adentrara en él. Ellos estaban más preocupados en que hiciera amigos, en que creciera como el chico normal que ellos habían estereotipado. Ellos sabían, o pensaban, que el trabajo al que estaba destinado era mucho más común que aquel que yo siempre había querido. Los años pasaron, y yo seguía creciendo como alguien tímido, reprimido por las restricciones del destino.

Pero solo hay un fuego que nunca se apaga: el del alma. Y por eso nunca dejé de pensar en el futuro con el que siempre había deseado. Hace poco más de dos años, intentando aparentar que era un capricho para pasar el tiempo, me compré una guitarra. Pero lo que nadie sabía es que el niño que había en mi aún no había dejado de soñar. E intenté, como pude, aprender por mi cuenta a tocar el instrumento que más tarde me serviría como excusa para perseguir algo que creía muerto hace mucho tiempo. No lo perfeccioné, pues para mí cantar siempre fue más importante, pero tenerlo es probablemente una de las mejores decisiones de mi vida. Porque respaldándome en una guitarra, siento que puedo despejar todas las inseguridades que me hayan podido surgir a lo largo de mi vida.

Y así, tras meditar y meditar, a los 20 años decidí que, quizás, era el momento de empezar a revivir lo que nunca mereció haberse ido de mi vida. Y, por mucho que digan, comenten o insinúen, siento que por fin ha vuelto un poco la felicidad.