El año del cambio

Quizás este no haya sido el año más querido por todas las personas. Puede que no haya más que tragedia para los ojos de la humanidad, sumida en la guerra, el terrorismo, la represión, el acoso y la falta de respeto a las minorías. Aún así, hoy, en las vísperas del año que se avecina, no puedo evitar pensar en todo lo que, como individuo, me ha aportado o extraído la época más dinámica de mi vida.

He reído, y he llorado; he sentido, y he sufrido. He pensado, trabajado y luchado, sin dejar espacio al descanso. He conocido nuevas personas, pero me he deshecho de muchas otras, alguna de ellas demasiado importante como para lograr superarla. He soñado, he fantaseado, pero también me he desilusionado. He intentado ser feliz, sin depender de nada ni nadie, esforzándome por conseguir eso que tantos llevan toda su vida buscando. He experimentado la sensación de ser rechazado por tu propia condición, incluso por gente que dijo que siempre estaría a mi lado. He visto como aquellos que se consideraban amigos estuvieron siempre demasiado preocupados por ellos mismos.

Aún con todas las connotaciones, he conseguido mirar hacia adelante. Y, por suerte, al final de un túnel, siempre vuelve la luz. Y puedo verla reflejada en todos y cada uno de vosotros. Puedo sentirla en cada vídeo que subo, en cada decisión que tomo en mi vida. Puede que haya alguna nube en esta autopista medio disipada, pero, al menos, ahora ya puedo ver el Sol, las estrellas y la Luna.

Os deseo el mejor de los años.

De corazón,

Carlos

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El viento del cambio

El paso del tiempo. Algo tan simple y a la vez tan complejo. Tan incomprensible como la misma monotonía, famosa y odiada al mismo tiempo. Tan difícil de solventar como la vida misma, pues pocos comprenden su presencia. Si me hicieran elegir alguna virtud carente en mí, escogería la de anticipar el tiempo. Me decantaría por comprender, por una vez, que nadie puede escapar de la dinámica realidad.

Personas. Momentos. Lugares. A lo largo del tiempo, toda percepción cambia, hasta convertirse en tu nuevo pensamiento. Quizás hayas aprendido. Quizás solo se hayan deteriorado tus ganas de seguir viviendo. Quizás las situaciones que afrontas te hagan plantearte porque en el pasado aceptabas ciertas cosas. Lo único que está destinado a perdurar con el paso de tu vida es tu existencia en este mundo.

Por eso, si el viento del cambio sopla, deseo que me lleve allá donde los niños comparten sus sueños, allá donde la magia del momento haga que me vuelva a sentir uno de ellos. Deseo escuchar cada impulso de aire, convirtiendo en gloriosas todas y cada una de mis noches. Deseo que, de algún modo, acerque más mi vida al concepto de ella al que me gustaría aspirar. 

Por eso, avísame si el viento sopla, y vayamos juntos a un nuevo mundo en el cual los sueños no contradigan el día a día, un nuevo universo en el cual nosotros decidamos el qué, el quién, el cómo y el cuándo. Avísame y, de paso, encontramos el significado de la felicidad.

¡Feliz Navidad!

Siempre pensé que la Navidad era una época en la que se debía reflexionar sobre todas las tragedias del año, unos días en los cuales refugiarte pensando que algún milagro solucionaría tus problemas. Siempre creí que la nieve podía ser la cura para un corazón frío, que un regalo podía desenvolver la tristeza. Arrepintiéndome una y otra vez de no haber cumplido con mis propósitos, me carcomía pensando que era un cobarde que nunca cumplíria sus sueños, que nunca podría amar y ser correspondido. Quise intentar creer que solo el tiempo cura a los que sufren, que solo el viento puede traer algo de esperanza.

Por suerte para mí, la Navidad de 2015 llegó, y con ella, en parte, mi determinación. Ya me había cansado de sufrir por otras personas mientras era incapaz de disfrutar por mí mismo. Ya no podía tolerar que esa armadura que cubría mi corazón siguiera cubriéndose de capas. Siempre le dediqué mi corazón a cosas que no debía, y por eso, me enorgullece decir, que este año se lo estoy ofreciendo a algo más especial: a mí mismo. 

Si reflejo aquí mis pensamientos es porque siento que por fin he logrado materializar mis sueños y mirar hacia adelante en la vida. Ahora, quiero retar a todo el que lea esto a cambiar la percepción de su corazón en todo aquello en lo cual no está conforme, y así poder cantar, a pleno pulmón, que le está dedicando su vida a la más satisfactoria de las realidades.

Feliz Navidad, celemers!