¡Feliz Navidad!

Siempre pensé que la Navidad era una época en la que se debía reflexionar sobre todas las tragedias del año, unos días en los cuales refugiarte pensando que algún milagro solucionaría tus problemas. Siempre creí que la nieve podía ser la cura para un corazón frío, que un regalo podía desenvolver la tristeza. Arrepintiéndome una y otra vez de no haber cumplido con mis propósitos, me carcomía pensando que era un cobarde que nunca cumplíria sus sueños, que nunca podría amar y ser correspondido. Quise intentar creer que solo el tiempo cura a los que sufren, que solo el viento puede traer algo de esperanza.

Por suerte para mí, la Navidad de 2015 llegó, y con ella, en parte, mi determinación. Ya me había cansado de sufrir por otras personas mientras era incapaz de disfrutar por mí mismo. Ya no podía tolerar que esa armadura que cubría mi corazón siguiera cubriéndose de capas. Siempre le dediqué mi corazón a cosas que no debía, y por eso, me enorgullece decir, que este año se lo estoy ofreciendo a algo más especial: a mí mismo. 

Si reflejo aquí mis pensamientos es porque siento que por fin he logrado materializar mis sueños y mirar hacia adelante en la vida. Ahora, quiero retar a todo el que lea esto a cambiar la percepción de su corazón en todo aquello en lo cual no está conforme, y así poder cantar, a pleno pulmón, que le está dedicando su vida a la más satisfactoria de las realidades.

Feliz Navidad, celemers!