El viento del cambio

El paso del tiempo. Algo tan simple y a la vez tan complejo. Tan incomprensible como la misma monotonía, famosa y odiada al mismo tiempo. Tan difícil de solventar como la vida misma, pues pocos comprenden su presencia. Si me hicieran elegir alguna virtud carente en mí, escogería la de anticipar el tiempo. Me decantaría por comprender, por una vez, que nadie puede escapar de la dinámica realidad.

Personas. Momentos. Lugares. A lo largo del tiempo, toda percepción cambia, hasta convertirse en tu nuevo pensamiento. Quizás hayas aprendido. Quizás solo se hayan deteriorado tus ganas de seguir viviendo. Quizás las situaciones que afrontas te hagan plantearte porque en el pasado aceptabas ciertas cosas. Lo único que está destinado a perdurar con el paso de tu vida es tu existencia en este mundo.

Por eso, si el viento del cambio sopla, deseo que me lleve allá donde los niños comparten sus sueños, allá donde la magia del momento haga que me vuelva a sentir uno de ellos. Deseo escuchar cada impulso de aire, convirtiendo en gloriosas todas y cada una de mis noches. Deseo que, de algún modo, acerque más mi vida al concepto de ella al que me gustaría aspirar. 

Por eso, avísame si el viento sopla, y vayamos juntos a un nuevo mundo en el cual los sueños no contradigan el día a día, un nuevo universo en el cual nosotros decidamos el qué, el quién, el cómo y el cuándo. Avísame y, de paso, encontramos el significado de la felicidad.

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Adoro

Adoro ese sitio en el que te vi por primera vez. Adoro el haberte conocido, no importa el dónde ni el cuándo. Adoro todo lo que dices, para bien o para mal. Adoro el simple hecho de saber que algún día, por alguna jugada del destino, llegaste a mí. Estés o no estés, siempre serás un regalo que me dio la vida.

Y es que me muero por tenerte junto a mí, tan cerca de mí que ni el viento nos separe. Me muero por decirte que eres mi existencia, y mi sentir, que la seda de tus manos y el brillo de tus ojos se han convertido en mi Sol, y también en mi Luna, que me guían a través de todos los días. Aunque haya miles de historias, me complace saber que la nuestra, quizás, nunca estuvo tan atrás de las más profundas.